Al principio, no encontraba salida, no encontraba salida del abujero negro en el que estaba. Nadie me ayudaba, y me ahogaba en mi lágrimas, sola. Poco a poco fui creciendo, apreciándome más, recuperando la confianza que tenia en mi y que el se llevo, y poco a poco, logre salir. Pero cuando ya estaba fuera y vi la realidad. Empecé a echar de menos el agujero negro, ahí todo el mundo sabía la verdad, y la preguntas se respondían con solo una mirada. Pero ahora, las respuestas a las preguntas parecen no reponderse con miradas si no con mentiras, parece que siguen queriendo creer en ese cuenta de hadas sin final feliz. En el que el príncipe azul es negro y que la princesa sonriente y alegre, solo llora y se arrastra por el pidiéndole un beso. Ahora solo mis verdades me mantienen en la realidad, y si ellas caen, yo vuelvo a caer.
¿Por qué cada vez que este pensativa tengo que estar pensando en el? La única frase que sabéis decir es que ese beso, no se puede olvidar tan fácil. Si que se puede olvidar ,si para la personas que querías parece esta muerta y se a convertido en alguien a quien no pareces reconocer, que estas más cerca de odiarlo que de amarlo. Intento buscar salidas al problema, y se muestra puertas abiertas, y otras entreabiertas. Puertas que cierro yo queriendo y puertas que quiero abrir pero se me hace difícil, parece que el tiempo apura en mi corazón. Y al final, solo me queda un puerta abierta en la que me veo capaz de entrar. Pero, si entro, podré salir de hay y hacer que todo vuelva a ser como antes? O echare de menos esa amistad y las risas que teníamos como amigos? Y si decido entrar por esa puerta, después esa seguirá dejando pasar algo de esperanza o se habrá cerrado para siempre? Quizás debería de esperar, dejar que el tiempo cure mi heridas y que el viento se lleve los sentimientos, debería de dejar que la luz entre más por esa puerta para poder intentarlo. Y que después de entrar, todo sea soleado, como un día tranquilo en la playa, abrazada a la persona que quiera, mirándole y sonriendole, con la brisa del mar acariciándome la cara llevándose consigo todo signo de sufrimiento que pudo avelgar mi sonrisa.

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